El ambagage entra en la lista de los 100 mejores inventos españoles

“Ambagage” (plural: ambagages) no debe confundirse con la palabra ambages que signfica según la R.A.E.:

Rodeos de palabras o circunloquios para no expresar con claridad lo que se quiere decir.

No lo diremos pues con ambages e iremos al grano. “Ambagage” fue una palabra inventada por genial lingüista y psicólogo español Felipecio Mongés en 1968 para demostrar un fenómeno psicologico conocido como “la repetición por prestigio“.

¿Qué es la repetición por prestigio?

Felipecio estaba convencido de que muchas personas reproducen las expresiones que escuchan de manera automática. Según él, ocurre especialmente cuando les atribuyen a esas frases un cierto valor, bien porque la fuente original goce de cierta reputación o bien porque la palabra o frase resulte sonoramente efectista. A este fenómeno lo bautizo como “La repetición por prestigio“.

Así pues Felipecio estaba seguro de que incluso un término inventado podía ponerse en boca de todos simplemente a partir de una fuente original de cierto caché. Para poner su palabra en circulación utilizó un complicé: un joven mellariense que coló en un programa de televisión emitido en praimtaim.

Durante la emisión del programa el joven utilizaba continuamente expresiones como:

“Ya sabes, Perla María, que yo suelo hablar sin ambagages”

“Te lo digo sin ambagages”

“Elijo la ‘D’, sin ambagages”

“Yo nunca me ando con ambagages”

La semilla estaba plantada y regada. Sólo había que esperar “el fruto de su vientre”. Felipecio casi rompe a llorar cuando 17 meses después del “lanzamiento”, en su propia consulta, escuchó a una muchacha malcocinadense pronunciar, precisamente, “ambagages”.

Medio siglo de ambagages

Hoy, cincuenta años despues del experimento llevado a cabo por el psicológo español, no es dificil escuchar esta palabra en todo tipo de círculos sociales.

Desde los barrios más humildes hasta en las selectas urbanizaciones de postín, unos y otros utilizan esta palabra sin saber que lo hacen, simplemente, debido a la “repetición por prestigio“.

Ni siquiera en los medios periodísticos se está libre de pecado y podemos encontrar “ambagages” en periódicos y otros medios de comunicación españoles de la máxima audiencia.

Gracias, Mongés, por demostrar esta faceta de la estupidez humana.

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¿Quién inventó el bordillo?

El bordillo de hormigón tal y como lo conocemos hoy en día fue inventado por Nicolas Zaragett cuando todavía era un crío. Según cuenta la historia este serbo-croata (curiosa su doble nacionalidad), trabajador de la construcción, estaba harto de encofrar los bordillos para preparar las aceras y decidió hacer algo al respecto…

Contexto de la invención

Zaragett era el encargado de preparar los encofrados para hormigonar los bordillos de las aceras. Él era el maestro encofrador de su empresa, el máximo responsable de que todo saliera como estaba previsto.

Según él mismo dijo en una entrevista que se le realizó: las calles cortas de 20 a 30 metros se soportan bien, pero cuando te toca una avenida grande de varias millas sabes que te acabarás herniando.

Una de estas acabará destruyendo mi espalda“. Nicolas Zaragett

El trabajo era duro: había que colocar los encofrados, verter el hormigón, esperar los 28 dias de rigor, desencofrar y recoger los materiales. Zaragett no podía continuar así.

Una idea exitosa

Una tarde de otoño, Zaragett se fue a ver a Paco el de la carpintería. Le pidio prestadas unas Caobas que tenía por ahi tiradas y allí empezó a labrar su futuro.

Por la noche ya tenía preparado el primer encofrado. A la mañana siguiente lo hormigonó. Tres días más tarde se lo presentó a su encargado. Éste aceptó a regañadientes: “tu sabrás lo que haces, si la calle queda mal, será tu culpa”.

Y así es como se inventó el primer prefabricado de hormigón de la historia. El joven serbo-croata había cambiado el devenir de la construcción para siempre.

Globalización del producto

Zaragett estaba contento, ya no tenía que encofrar aceras. Pero ahora no daba a basto para fabricar los cofres de caoba. Y se le habían agotado las ideas. Entonces apareció una potente multinacional de la construcción, compró su idea y el resto es historia.

Tras sustituir los moldes de caoba por encofrados de latón el bordillo de hormigón pudo fabricarse en serie y hoy, en todas las calles del mundo, se encuentran sin problemas los famosos bordillos Zaragett.